Carente en mi ADN de ningún antecedente llegué al mundo de la moto recién estrenada la treintena. Hasta muy poco antes no había sido desconsolado por el bramido de los motores, ni por el equilibrio de dos ruedas en curvas imposibles. Mi vida transcurría plácida y monótona en las usuales y anodinas cuatro ruedas, en esas cajas rodeadas de lata y vidrio que sirven para poco más que como medio de transporte.
Algo pasó en mi, influenciado en parte por las "malas amistades" para que llegado ese momento de madurez decidiera tornar mi vida y aventurarme en el mundo de las motos.
Mi primera vez, fue con una Honda Africa Twin del año 89 con la que empecé a conocer de otra manera las carreteras de Tenerife. Aquella pobre sufrió el maltrato de mis torpezas, de mis bruscos acelerones y de mi constante descordinación entre el pie de los cambios y la maneta del embrague.
Pasados unos meses de aquel primer amor me atreví con empresas mayores y fue cuando conocí al que se convertirá en mi compañera inseparable, mi BMW R1100Gs. La Gorda. Entonces fue cuando sentí de verdad lo que era llevar una máquina bajo el culo, coincidió mi mejora como conductor con el afable motor de mi nueva moto. Alejada de las potentes deportivas pero con el justo motor para divertirme en las enreveradas carreteras de la Isla. Al mismo tiempo que permitía una importante capacidad de carga que la convierte en una magnífica rutera.
Pasó algún tiempo y la idea de un viaje a ver MotoGP en Cheste fue tornándose en un viaje en moto a través de diferentes lugares de España. Será la primera vez que La Gorda se embarque fuera de estos siete peñascos atlánticos para aventurarse en tierras desconocidas. Así descubriremos lugares de impresionante belleza por varias comunidades y provincias de España. Finalmente la asistencia a las carreras quedó como una anécdota en medio de un viaje fantástico.
Desde la vuelta a casa la idea de volver a rular por tierras lejanas rondaba mi mente, soñaba con emprender nuevamente la aventura de conocer más y más lugares a lomos de mi compañera. Un año entero de trabajo después, la GS vuelve a adentrarse en las entrañas de un barco para navegar hasta Cádiz, desde donde partiríamos para recorrer Andalucía, Levante, Catalunya, la cornisa Cantábrica y retornar al sur por la ruta de la Plata. Más jornadas, más kilómetros y otro buen montón de impresionantes rincones de España, carreteras secundarias....y algunas que ni ese calificativo alcanzaban.
Entre viaje y viaje, las carreteras de Tenerife y esporádicamente de Gran Canaria mataban el gusanillo de las rutas kilométricas. Paliaban ese handicap que supone vivir en un territorio limitado para quien ama recorrer carreteras interminables. Curva a curva fui conociendo cada rincón de mi tierra que aún sigo conociendo cada día. Tierra que cada estación se muestra distinta convirtiendo cada fin de semana de ruta en un nuevo descubrimiento y en la derrota constante de la monotonía.
Tras meses de planificación, La Gorda me llevará a conocer no sólo una tierra distinta, sino también una forma de vida, cultura, religión y lengua completamente desconocidas. Marruecos. En principio un viaje un tanto a la aventura, dónde no sabíamos bien qué encontraríamos y que acabaría, tres mil kms después por descubrir en mi un nuevo amor. Desde entonces mi corazón vive un idilio intenso con aquellas tierras del Magreb. Descubrí un país con inmensos contrastes, donde la arena del desierto da paso a altivas cumbres y profundos valles, donde la sequedad del aire es calmada por la generosidad del nativo, la belleza de sus abruptas costas, la frenética locura de sus ciudades, los enjambres humanos que pueblan sus plazas al caer la tarde.
Tras cada ruta la GS iba cambiando su aspecto. Mientras su corazón se mantenía fuerte e intacto, su aspecto se fue modificando poco a poco. Cada cambio le aportaba personalidad y la hacía diferente a sus iguales.
Tras Marruecos, llegó Portugal, Galicia y Asturias. Más fotos para recordar, más paisajes en mi retina, más kms en sus tripas y más amigos moteros regados por esos mundos. Tras cada etapa, tras cada día de ruta mi Cuaderno de Bitácora. Mi forma de transmitir cada vivencia y describir cada paisaje.
En 2009 llegó la que hasta el momento es la mayor aventura de mi vida, el mayor reto que he emprendido. Tras mucho tiempo de planificación surge el proyecto África en la Mirada que me llevaría junto a mi gran amigo Marcos Ferrao a cruzar la costa Occidental de África desde Ceuta a Mbour (Senegal), envueltos en un proyecto humanitario consistente en llevar material óptico a los niños de la escuela de Backombel. Fueron días muy duros en los que las ganas de dar marcha atrás fueron vencidas con mucho esfuerzo y voluntad y finalmente recompensadas con la sonrisa de cada uno de aquellos niños a los que atendimos.
De este proyecto surgió un importante material fotográfico que sirvió para que pudiera llevar a cabo mi primera exposición. Otro sueño hecho realidad. Dos pasiones unidas y perfectamente conjugadas: moto y fotografía.
Ahora el cuenta kilómetros de La Gorda sobrepasa en unos cuantos los 100.000. Creando una cifra mítica, un hito conseguido en las bellas carreteras de mi tierra y de otros lejanos lugares. Cada uno con un sabor especial, cada uno con una anécdota y cada uno señalado como un momento especial en mi vida. Poco queda ya de la apariencia de aquella GS que fui a buscar a Gran Canaria hace casi una década. Customizada hasta las trancas. Mi mente y mi corazón siguen soñando con viajes infinitos, carreteras lejanas, lugares y personas a las que conocer a lomos de mi GS y de manos de mi compañera.
En mi corazón late un nombre: Patagonia. Un sueño. Imposible quizás......o no?