desierto
siempre amanece un nuevo día...
martes, 16 de octubre de 2012
Cuando (la) Gloria alcanzó el Cielo.
En este mundo nuevo de tecnologías que nos permite conocer personas eliminando distancias trayèndolas a la pantalla de un ordenador o de un dispositivo electrònico cualquiera, pude un día conocer a una persona muy especial.
Un mensaje dejado en una foto compartida con el mundo desde Instagram sirviò de primera toma de contacto. Alguien me ofrecía ser portada de una revista de digital con una de esas fotos mías. Un desconocido se había fijado en mi trabajo y me ofrecía tal oportunidad de promoción global de una foto por mi firmada.
Aquel primer contacto no hacía preveer que aquella persona se fuera poco a poco convirtiendo en alguien importante para mi. Fui conociendo de sus cosas a travès de los relatos que acopañaban a cada una de las fotos que subía a la red. En realidad sus fotos son casi un soporte visual en el que ella, Gloria, nos regala algo de ella, nos abre su corazòn y nos cuenta de sus sentimientos, anhelos e ilusiones.
Supe que un tiempo atràs se había enamorado de esta tierra, de este rebelde país formado por siete trozos de tierra exiliados de todo continente. Conocí que su culo suele ir montado en moto por las frías y adoquinadas calles de Salamanca. Gloria es una persona especial, en su cabeza rondan historias que se ambientan en èpocas doradas de siglos pretèritos...crímenes y detectives brotan de su imaginaciòn y se plasman en negro sobre blanco.
Pasado un tiempo de nuestras conversaciones Gloria me confiesa que a pesar de sus reiteradas visitas a Tenerife nunca había visitado el Teide. Solo alguien especial podía resistir la tentaciòn de acercarse al símbolo natural màs emblemàtico de estas islas.
Esa limitaciòn no era fruto de un capricho, alguien tan especial como Gloria tenía que tener un momento para tomar esa decisión. Capaz de vencer la tentaciòn, resistir a admirar la lejana y monumental belleza de la montaña desde las playas del Puerto de la Cruz. Ese motivo era bien sencillo: no era el momento.
Es que Gloria se envuelve de una mística personalidad. Conversar mirando a sus ojos transmite paz, rélax y una infinita pasión en todo lo que expresa. Para ella, la montaña, se había convertido en un pasaporte para sus sueños que culminan en cambiar la fría Castilla por las càlidas canarias. Anhela continuar su vida en una tierra que sin ser la propia ama como pocas personas he conocido.
Al saber de esta relaciòn, quizàs extraña para muchos, de Gloria con la montaña; me ofrecí a ser su guía el día que ella eligiera para acercarse a las faldas desde donde el Teide emerge inmenso para acercarse al cielo. Mi ofrecimiento era sincero pero más cargado de cortesía que de esperanza de ser elegido para esa empresa.
Sin embargo, paso algún tiempo y, ante la proximidad de otra visita, Gloria me expresa que ha llegado el momento, que siente que debe ser en este viaje cuando conozca de cerca la morada de Guayota y que seríamos yo y mi GS los encargados de tal misión.
Y llegó ese día, aquel en que el calendario alcanzó el noveno día de su décimo mes. La GS estacionada en la concurrida Plaza del Charco en perfecto estado de revista mientras en la terraza más próxima recargo mis venas con cafeína. En unos minutos la cara sonriente, como una niña pequeña el día de reyes, se aproxima a mi mesa.
Unos minutos para contar el plan de ascenso, colocar todo el equipo y en nada la bella zamorana reposa sus nalgas en el asiento trasero de "la gorda" que se abre paso por los callejones de la Ranilla camino de La Esperanza.
La gorda ruge por la curvas amplias y rápidas de la carretera que asciende paso a paso hasta ser enguillida por la verde masa boscosa. Nos perdemos por las enrevesadas entrañas del monte, mientras el sol se cuela por las frondosas copas de los pinos que se alinean en formación casi militar. Tras de mi las manos nerviosas de Gloria que se aferran a mi espalda.
La carretera zigzaguea a izquierda y derecha como dejando una vez a la vista el oeste y otra el oeste, la GS se mueve cual fonambulista en el alambre que corta la isla por su mitad. En una de esos giros el monte se derrumba profundo hacía el valle ofreciendo la primera visión de la montaña desde su base.
Primera parada en el Mirador de Chipeque, de frente el valle de la Orotava y el Teide en lo màs alto coronando el techo de la isla...de las islas. Gloria resuma felicidad en su rostro mientras yo intento ejercer de guía y explicar alguna de las cosas aprendidas respecto a la geología y botánica que nos rodea.
Seguimos la marcha y en unas pocas curvas el pinar nos abandona para dejar el protagonismo a la vegetación de cumbre. Ante nosotros el paisaje se convierte en tierras de diversos colores y tonalidades....rojos, negros, naranjas, blancos y marrones pintan las montañas, los pequeños volcanes que jalonan nuestro paso hasta El Portillo.
Lugar de parada obligada para saciar la sed e intercambiar las aún escasas vivencias del trayecto. La mirada de Gloria expresa felicidad y emoción. Es la penúltima estación antes del ansiado momento. Seguimos ruta entre lavas y volcanes en la serpenteante carretera hasta alcanzar las faldas del volcán, allí donde su silueta lo abarca todo y donde el Ser Humano se hace ínfimo ante la magna obra de la naturaleza.
Esta visita, guarda la sorpresa del ascenso al pico con la compañía de nuestro amigo Luis, que nos enseña los entresijos de la maquinaria que sustenta el telefèrico. Ascendemos por la ladera, casi rozando su rocoso suelo, mientras el valle de Las Cañadas se aleja dejando perspectiva de toda su imponente dimensiòn gobernada en su centro por la montaña de Guajara. Decenas de colores distintos sirven para pintar cada una de las distintas coladas que durante millones de años han construído lo que ahora queda bajo nuestros pies.
Gloria lleva los ojos abiertos de par en par, ávida de no perder un solo detalle, atenta a cada explicación, emocionada como quien conoce a alguien que admira. Ella admira y ama esa montaña que ha guardado en sus entrañas a Guayota para que Magec luzca radiante en un brillante cielo azul celeste salpicado apenas por el blanco de algunas nubes.
Desde la cumbre el espectáculo es fabuloso, bajo nosotros el circo de Las Cañadas, rémora de una isla mucho màs alta de lo que hoy es y que sucumbió víctima de esa grandeza para de su interior dejar paso al nacimiento del nuevo volcàn: El Teide.
Al norte la Cordillera de Anaga como vestigio de la isla vieja, al sur la montaña de la Tejita, al oeste La Gomera...todo parece tan cercano desee tan arriba...
Gloria intenta caminar entre los senderos de lava pero siente la falta de oxígeno por el rápido ascenso o quizás su corazón entretenido en sus amores solo late para lograr felicidad y desatiende a las piernas. 3555 metros nos separan de la orilla de ese mar del Puerto desde el que Gloria buscaba el Teide entre las nubes. Ya estaba allí, era su momento ansiado, el momento en que su mística cumplía el anhelado deseo de alcanzar su preciado lugar. Momento de pedir a Echeyde cumplir los deseos que guarda su corazón.
Descendemos con la misma celeridad del ascenso en esas cajas de metal sustentadas por cables. Volvemos a tener el culo sobre la GS para seguir hasta los Roques, allí donde el tiempo ha robado las montañas para dejar al descubierto las caprichosas formas de su corazón de basalto. Desde ahí se contempla el profundo valle que forma Ucanca y quizás el más bello de los perfiles del Teide alumbrado ya por una suave luz ante la debilidad de Magec.
Cruzamos Ucanca y tomamos el recto camino de Boca de Tauce para contemplar también el Pico Viejo, primero desde un mar de retamas y luego desde un mar de lavas negras y obsidianas. Poco a poco la carretera se comienza a curvar en su leve descenso desde la cumbre mientras el sol se aproxima al horizonte interrumpido por la silueta de La Gomera a nuestra izquierda y de La Palma al frente.
El pinar se va poblando cada vez más, con mayor frondosidad y mayores ejemplares en su descenso a Isora donde el suelo de volcán es desafiado por higueras y almendreros. Las Cañadas quedan atrás definitivamente, mientras remontamos para encontrar nuevamente la figura del Teide en la subida a Tamaimo y a Tierra del Trigo. Así conoce Gloria cada perfil de su montaña.
Tomamos rumbo a Icod por su monte bajo de fayas, brezos y madroños en una carretera ideal para curvear....mientras Magec muere lentamente engullido por el mar que nos circunda tiñendo el horizonte y las nubes de un rojo intenso. Recorremos pueblos y caseríos de Icod, San Juan de la Rambla y La Guancha hasta Los Realejos.
Última parada en el Mirador del Lance, junto a la soberbia figura del Mencey Bentor, con la vista del Valle que se puebla ya de luces a nuestros pies, mientras el día muere a manos de la oscuridad.
Gloria emocionada me emociona, siento que a veces es fácil hacer felices a los demás con cosas que cuestan poco y que la felicidad más radiante se halla en lo que no se compra. La felicidad reside en momentos que se quedarán para siempre entre nosotros, insertos en nuestro corazón más allá del tiempo para contar y ser contados....y Gloria me eligió a mi para vivir esa felicidad, para compartirla conmigo...con aquel tipo que un día encontró en una red social y del que le gustaron sus fotos. Destino? Quizàs.
Solo espero que Echeyde cumpla tus deseos, querida amiga, y nos de la oportunidad de vivir más momentos de felicidad a la vera de una Dorada. Muchas gracias por hacerme tan feliz ese día en que tú fuiste tan feliz.
Ahora no solo Echeyde, Guayota y Magec esperan tu venida...
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