desierto

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siempre amanece un nuevo día...

domingo, 25 de noviembre de 2012

Postales desde Istanbul




He de reconocer que el inicio de nuestra relación no fue fácil, quizás me precipité, quizás influyeron en mi las vivencias experimentadas en otros destinos, allá donde la sonrisa brota de la cara de la gente y todo es de color. Allí, en Istanbul, la gente no sonríe de forma espontánea, no regalan felicidad y su color en estos tempranos días de noviembre es gris en el cielo, gris en mar que la circunda y gris en las construcciones que la colman. No hay colores en Istanbul.

Entonces hubo que cambiar de plan, no buscar aquello que nos atrae sino encontrar aquello que nos ofrece. Entonces, Istanbul...me enseñó otra cara, me enseñó la belleza que se esconde tras el gris de su cielo y su reflejo en el Bósforo apenas roto por el blanco de los cientos de barcos que lo cruzan a uno y otro lado...me enseñó que se esconde detrás de sus grises edificios...aprendí a robar la sonrisa de la gente, aunque a veces solo fuera por el interés de cerrar un trato.

Istanbul encierra la Historia del mundo, de aquel mundo que terminaba en las fronteras del Mediterráneo hasta bien avanzado el Medievo. Encierra en si la cultura de la que, en una u otra forma, somos parte. Istanbul fue Grecia...fue Roma...puerta de lo conocido con el mundo exótico que provenía de oriente...se fundó pagana...fue cristiana y es islam. Fue imperio invasor y dominante....fue el punto de inicio de Mustafá Kemal para construir la moderna Turquía que hoy conocemos. Istanbul rota en su mitad por el curso del Bósforo en su paso hacía el Mar Negro...creando dos orillas, dos fronteras.

Istanbul es caos, todo fluye en un perfecto desorden. Coches, trenes, personas, carros confluyen en el mismo espacio y tiempo para organizarse a ritmo de bocinas y gritos. Un desafío constante al desastre que nunca se produce.

Istanbul nos enseña el impactante esplendor de su crepúsculo desde la mil veces destruida y mil veces reconstruida torre de la Galata...siempre amante de las puestas de sol en los parajes naturales de mi patria, aquí conocí la belleza del caer del día tras el perfil de minaretes de este mar de anárquicas construcciones. A medida que el sol se pierde más allá de sus fronteras, la ciudad se ilumina poco a poco y poco a poco esa luz va llenando el espacio y ganando intensidad hasta deslumbrar.

Desde los márgenes del Bósforo, desde multitud de diferentes puntos salen decenas, cientos de embarcaciones que como cordones umbilicales llevan la vida de una orilla a otra. Allí se mezcla la curiosidad tranquilidad del foráneo con el ajetreo del lugareño camino de su trabajo o su hogar. Una de esas embarcaciones parte hacía el norte en busca de las puertas del Mar Negro...en un mar donde también parece reinar el caos, donde se cruzan  en toda dirección barcos de todo tipo y utilidad. Desde el mar se contempla el perfil de antiguo Istanbul, de pequeñas construcciones, en contraste con el vértigo de edificios de vidrio y acero que se elevan hasta el cielo. En el final de ese trayecto se atisba una colonia ingente de gaviotas, como estelas tras los barcos que faenan en las ricas agua, según la leyenda vuelan con ellas el alma de los musulmanes que no han hallado el paraíso.A un lado Europa, al otro Asia, esa permanente dualidad entre occidente y oriente.
Muy temprano cae la tarde y en sus calles el sonido de la llamada a la oración lo llena todo. Un rezo con una cadente musicalidad, repetitivo, penetrante e inductor que resuena en el interior de cada uno. En ese estado de sugestión los creyentes se encaminan a su mezquita más próxima a rendir cuentas con su creador. Tengo la suerte de poder asistir a ese momento desde el patio de la gran mezquita de Süleymane, es cuya estampa forma parte de Istanbul desde cualquier plano que se la observe. Construida para alabar a Alá y para perpetuar la megalómana obra del Sultán. Ser testigo del rito de llegada de los fieles que abarrotan sus inmensos jardines, donde los hombres se separan de las mujeres como si su Dios no fuera el mismo.

Aya Sofia, convertida en museo por obra de Atartük, de inmensa majestuosidad elevada al cielo hace más de 1500 años. Trozo de la Historia de este mundo, de la obra del Ser Humano en honor a sus Dioses. Un tiempo pagana como Constantino, más tarde cristiana como Teodosio, patriarcado del Oriente superviviente de una Roma rota por las invasiones bárbaras y divida en tantas naciones como tribus cruzaban el limes de la difunta civilizaciòn. Hasta convertirse al Islam traído por las gentes de Arabia en su palabra y en sus espadas. El paso del tiempo reflejado en la redondez de sus mármoles. Su cúpula desafiante de la gravedad inmensa de la pequeñez humana vista desde el terrenal piso. Imaginar sus puertas, una y otra vez, franqueadas por cristianos y musulmanes a lomos de caballos, espada en mano para reclamar el lugar para sus respectivos dioses. Ayer lugar de mil guerras, hoy remanso de paz donde el silencio te transporta. Alguien como yo, carente de Dios alguno, presa de la sugestión de la belleza indescriptible de su soberbia grandeza...a falta de escuchar a la deidad me conformo con escuchar el sonido de mi corazón.

Los siete minaretes de la Mezquita Azul son símbolo de Istanbul. Cientos de fieles se dan cita en ella para acercar sus almas a Alá. Hincan su rodillas en el enmoquetado piso mirando hacía la Meca, en sublime silencio. Nuevamente una agradable sensación de paz puebla mi interior. Sentado en un borde, mientras todos son atraídos por las bóvedas de la Mezquita y por sus textos arabescos que pueblan sus paredes, me dedico a observar a las personas. Mi ojo situado tras el visor de la cámara intenta robar esos instantes al tiempo. A la puerta del templo, alejada del centro del mismo y cubierto por una celosía más o menos espesa se halla el lugar de Ellas para orar. En ese común intento de las religiones por menospreciar a la mujer pero que pareciera que en el Islam es más evidente. A través de esa celosía y con la luz de las ventanas en sus espaldas se refleja la silueta de quienes cubren su vello para dirigirse a Alá. El resultado visual es impactante y cargado de belleza.

Las calles de Istanbul son un constante hervidero de personas. El Gran Bazaar y el Bazaar de las especies atraen con sus joyas y sus aromas la atención del visitante. Sin embargo, no me encuentro cómodo en ellos. Demasiado plásticos, creados, poco espontáneos y muy destinados al de fuera, carentes de la esencia de los zocos de Marruecos. Su interior un desfile de personas de mil orígenes en busca de lo mismo. Me dedico a buscar el Istanbul de las calles adyacentes, de sus arrabales, allí donde acuden los locales en su vida diaria. Mezclado entre ellos aunque mi apariencia no me haga pasar como uno más. Se transita más tranquilo, nadie huye de la cámara sino que se ofrecen coquetos como modelos.


En Üskudar, otro día que muere y otra noche que nace sentados al borde del Bósforo...esa extraña masa de agua sin olas que bate suavemente las orillas de Asia. Aroma a té de manzana frente a la Kiz Kadessi,  construída por el sultán para proteger inútilmente la predestinada vida de su bella hija. Cada anochecer es un espectáculo suficiente para recorrer miles de kms en su búsqueda. Esta noche el cielo gris se pintará de rojo para nuestros ojos. Mientras cada uno de las decenas de minaretes se convierten en haces de luz...de un lado del Cuerno de Oro la Mezquita Azul y Süleymane y desde el otro la torre Galata unidos ambos por el luminoso celeste del puente Galata.

Al caer el día los comercios cierran, los tenderos apuran el paso para retirar sus productos que habitan más el exterior que el interior de los comercios. Surgen los ventorrillos de pescado en el margen sur del puente Galata, no te puedes marchar de aquí sin probar un Balik Ekmek hecho en circense equilibrio por cocineros a bordos de embarcaciones que bailan al sol del leve meneo del Bósforo,  su sabor no trasciende del de un bocata de sardina con cebolla de los nuestros pero...así son las tradiciones.

A la vez los alrededores del puente, frente a la Mezquita Nueva, se pueblan de vendedores ambulantes de cueros, camisetas, bolsos y carteras, llaveros...de todo se puede comprar a estas horas. Africanos y asiáticos dominan.   También puedes comer en cualquier improvisado puesto de mejillones con limón, arroz con pollo y garbanzos, dulces con pistachos (todo tiene pistacho), castañas y piñas de millo, té o café turco (un espeso líquido negro equivalente a un vaso de borras)....todo está en el riesgo que el visitante desee correr. Son de esas cosas para las cuales el lugareño parece tener una disposición intestinal muy distinta a la finura habitual del visitante.

Once días de caminar sus calles pisando cada piedra de su Historia de mirar absorto sus infinitas obras de arte, de asombrarse con la capacidad artística y arquitectónica de los antiguos. Once días navegando por sus mares de una a otra orilla mezclados entre gentes de multitud de orígenes, como uno más entre cientos de seres grises siempre apurados en cualquier dirección. Once días para acabar conociendo y admirando una ciudad distinta y peculiar...para pisar apenas un continente desconocido y dejar en el interior la sensación de conocer mucho más aún. Once días para conocer y aprender. Once días y once meses para soñar en un próximo destino.



martes, 16 de octubre de 2012

Cuando (la) Gloria alcanzó el Cielo.




En este mundo nuevo de tecnologías que nos permite conocer personas eliminando distancias trayèndolas a la pantalla de un ordenador o de un dispositivo electrònico cualquiera, pude un día conocer a una persona muy especial.
Un mensaje dejado en una foto compartida con el mundo desde Instagram sirviò de primera toma de contacto. Alguien me ofrecía ser portada de una revista de digital con una de esas fotos mías. Un desconocido se había fijado en mi trabajo y me ofrecía tal oportunidad de promoción global de una foto por mi firmada.
Aquel primer contacto no hacía preveer que aquella persona se fuera poco a poco convirtiendo en alguien importante para mi. Fui conociendo de sus cosas a travès de los relatos que acopañaban a cada una de las fotos que subía a la red. En realidad sus fotos son casi un soporte visual en el que ella, Gloria, nos regala algo de ella, nos abre su corazòn y nos cuenta de sus sentimientos, anhelos e ilusiones.
Supe que un tiempo atràs se había enamorado de esta tierra, de este rebelde país formado por siete trozos de tierra exiliados de todo continente. Conocí que su culo suele ir montado en moto por las frías y adoquinadas calles de Salamanca. Gloria es una persona especial, en su cabeza rondan historias que se ambientan en èpocas doradas de siglos pretèritos...crímenes y detectives brotan de su imaginaciòn y se plasman en negro sobre blanco.
Pasado un tiempo de nuestras conversaciones Gloria me confiesa que a pesar de sus reiteradas visitas a Tenerife nunca había visitado el Teide. Solo alguien especial podía resistir la tentaciòn de acercarse al símbolo natural màs emblemàtico de estas islas.
Esa limitaciòn no era fruto de un capricho, alguien tan especial como Gloria tenía que tener un momento para tomar esa decisión. Capaz de vencer la tentaciòn, resistir a admirar la lejana y monumental belleza de la montaña desde las playas del Puerto de la Cruz. Ese motivo era bien sencillo: no era el momento.





Es que Gloria se envuelve de una mística personalidad. Conversar mirando a sus ojos transmite paz, rélax y una infinita pasión en todo lo que expresa. Para ella, la montaña, se había convertido en un pasaporte para sus sueños que culminan en cambiar la fría Castilla por las càlidas canarias. Anhela continuar su vida en una tierra que sin ser la propia ama como pocas personas he conocido.



Al saber de esta relaciòn,  quizàs extraña para muchos,  de Gloria con la montaña; me ofrecí a ser su guía el día que ella eligiera para acercarse a las faldas desde donde el Teide emerge inmenso para acercarse al cielo. Mi ofrecimiento era sincero pero más cargado de cortesía que de esperanza de ser elegido para esa  empresa.
Sin embargo, paso algún tiempo y, ante la proximidad de otra visita, Gloria me expresa que ha llegado el momento, que siente que debe ser en este viaje cuando conozca de cerca la morada de Guayota y que seríamos yo y mi GS los encargados de tal misión.





Y llegó ese día, aquel en que el calendario alcanzó el noveno día de su décimo mes. La GS estacionada en la concurrida Plaza del Charco en perfecto estado de revista mientras en la terraza más próxima recargo mis venas con cafeína. En unos minutos la  cara sonriente, como una niña pequeña el día de reyes, se aproxima a mi mesa. 
Unos minutos para contar el plan de ascenso, colocar todo el equipo y en nada la bella zamorana reposa sus nalgas en el asiento trasero de "la gorda" que se abre paso por los callejones de la Ranilla camino de La Esperanza.
La gorda ruge por la curvas amplias y rápidas de la carretera que asciende paso a paso hasta ser enguillida por la verde masa boscosa. Nos perdemos por las enrevesadas entrañas del monte,  mientras el sol se cuela por las frondosas copas de los pinos que se alinean en formación casi militar. Tras de mi las manos nerviosas de Gloria que se aferran a mi espalda.
La carretera zigzaguea a izquierda y derecha como dejando una vez a la vista el oeste y otra el oeste, la GS se mueve cual fonambulista en el alambre que corta la isla por su mitad. En una de esos giros el  monte se derrumba profundo hacía el valle ofreciendo la primera visión de la montaña desde su base.


 Primera parada en el Mirador de Chipeque, de frente el valle de la Orotava y el Teide en lo màs alto coronando el techo de la isla...de las islas. Gloria resuma felicidad en su rostro mientras yo intento ejercer de guía y explicar alguna de las cosas aprendidas respecto a la geología y botánica que nos rodea.
Seguimos la marcha y en unas pocas curvas el pinar nos abandona para dejar el protagonismo a la vegetación de cumbre. Ante nosotros el paisaje se convierte en tierras de diversos colores y tonalidades....rojos, negros, naranjas, blancos y marrones pintan las montañas, los pequeños volcanes que jalonan nuestro paso hasta El Portillo.
Lugar de parada obligada para saciar la sed e intercambiar las aún escasas vivencias del trayecto. La mirada de Gloria expresa felicidad y emoción. Es la penúltima estación antes del ansiado momento. Seguimos ruta entre lavas y volcanes en la serpenteante carretera hasta alcanzar las faldas del volcán, allí donde su silueta lo abarca todo y donde el Ser Humano se hace ínfimo ante la magna obra de la naturaleza.




Esta visita, guarda la sorpresa del ascenso al pico con la compañía de nuestro amigo Luis, que nos enseña los entresijos de la maquinaria que sustenta el telefèrico. Ascendemos por la ladera, casi rozando su rocoso suelo, mientras el valle de Las Cañadas se aleja dejando perspectiva de toda su imponente dimensiòn gobernada en su centro por la montaña de Guajara. Decenas de colores distintos sirven para pintar cada una de las distintas coladas que durante millones de años han construído lo que ahora queda bajo nuestros pies.
Gloria lleva los ojos abiertos de par en par, ávida de no perder un solo detalle, atenta a cada explicación, emocionada como quien conoce a alguien que admira. Ella admira y ama esa montaña que ha guardado en sus entrañas a Guayota para que Magec luzca radiante en un brillante cielo  azul celeste salpicado apenas por el blanco de algunas nubes.
Desde la cumbre el espectáculo es fabuloso, bajo nosotros el circo de Las Cañadas, rémora de una isla mucho màs alta de lo que hoy es y que sucumbió víctima de esa grandeza para de su interior dejar paso al nacimiento del nuevo volcàn: El Teide. 



Al norte la Cordillera de Anaga  como vestigio de la isla vieja, al sur la montaña de la Tejita, al oeste La Gomera...todo parece tan cercano desee tan arriba...
Gloria intenta caminar entre los senderos de lava pero siente la falta de oxígeno por el rápido ascenso o quizás su corazón entretenido en sus amores solo late para lograr felicidad y desatiende a las piernas. 3555 metros  nos separan de la orilla de ese mar del Puerto desde el que Gloria buscaba el Teide entre las nubes. Ya estaba allí, era su momento ansiado, el  momento en que su mística cumplía el anhelado deseo de alcanzar su preciado lugar. Momento de pedir a Echeyde cumplir los deseos que guarda su corazón.
Descendemos con la misma celeridad del ascenso en esas cajas de metal sustentadas por cables. Volvemos a tener el culo sobre la GS para seguir hasta los Roques, allí donde el tiempo ha robado las montañas para dejar al descubierto las caprichosas formas de su corazón de basalto. Desde ahí se contempla el profundo valle que forma Ucanca y quizás el más bello de los perfiles del Teide alumbrado ya por una suave luz ante la debilidad de Magec.



Cruzamos Ucanca y tomamos el recto camino de Boca de Tauce para contemplar también el Pico Viejo, primero desde un mar de retamas y luego desde un mar de lavas negras y obsidianas. Poco a poco la carretera se comienza a curvar en su leve descenso desde la cumbre mientras el sol se aproxima al horizonte interrumpido por la silueta de La Gomera a nuestra izquierda y de La Palma al frente.
El pinar se va poblando cada vez más, con mayor frondosidad y mayores ejemplares en su descenso a Isora donde el suelo de volcán es desafiado por higueras y almendreros. Las Cañadas quedan atrás definitivamente, mientras remontamos para encontrar nuevamente la figura del Teide en la subida a Tamaimo y a Tierra del Trigo. Así conoce Gloria cada perfil de su montaña.
Tomamos rumbo a Icod por su monte bajo de fayas, brezos y madroños en una carretera ideal para curvear....mientras Magec muere lentamente engullido por el mar que nos circunda tiñendo el horizonte y las nubes de un rojo intenso. Recorremos pueblos y caseríos de Icod, San Juan de la Rambla y La Guancha hasta Los Realejos. 
Última parada en el Mirador del Lance, junto a la soberbia figura del Mencey Bentor, con la vista del Valle que se puebla ya de luces a nuestros pies, mientras el día muere a manos de la oscuridad.
Gloria emocionada me emociona, siento que a veces es fácil hacer felices a los demás con cosas que cuestan poco y que la felicidad más radiante se halla en lo que no se compra. La felicidad reside en momentos que se quedarán para siempre entre nosotros, insertos en nuestro corazón más allá del tiempo para contar y ser contados....y Gloria me eligió a mi para vivir esa felicidad, para compartirla conmigo...con aquel tipo que un día encontró en una red social y del que le gustaron sus fotos. Destino? Quizàs.
Solo espero que Echeyde cumpla tus deseos, querida amiga, y nos de la oportunidad de vivir más momentos de felicidad a la vera de una Dorada. Muchas gracias por hacerme tan feliz ese día en que tú fuiste tan feliz. 
Ahora no solo Echeyde, Guayota y Magec esperan tu venida...


lunes, 4 de junio de 2012

el incidente de Restinga




Debido al interés suscitado por este tórrido incidente acaecido en mi vida y la de @jesusagomar me adentraré en lo hondo de mi memoria en busca de recuerdos que he querido olvidar. Quizás así, si lo cuento consiguiera repartir un tanto el dolor que desde aquel momento arrastro en mi existencia y que tan difícil se me hace exportar de mi.
A finales del verano del año del señor 2011 @jesusagomar y el que escribe se decidieron a hacer un viaje a la Isla del Meridiano, la Hero de los aborígenes canarios...allí llamados Bimbaches.
Un viaje que no tenía más fin que el de pasar unos días de asueto, fotografías, paisajes, de emborracharnos con la singular Historia de Hero, sus petroglifos, su universo imaginario, leyendas...beber del árbol de Garoé e inundarnos de sapiencia a través de los cansados ojos de Ramón el de Sabinosa. El que ahora se decide a confesar lo ocurrido en el punto más occidental del continente africano no conocía los secretos de la isla, convirtiéndose @jesusagomar en cicerone de nuestra visita, el elegido para mostrar al curioso los rincones más bellos del lugar....y vaya que si mostró.
Eran tiempos convulsos para el pequeño peñasco atlántico, su tierra se movía violenta y frecuente cada día agitando literalmente la vida de los lugareños. Se decía por entonces que Guayota quería emerger del fondo de la tierra, escupir su ardiente lava sepultando bajo su paso las tierras y las casas de los herederos de los bimbaches. El mundo vivía expectante por conocer el lugar por el que el odio del dios brotaría en forma de fuego. Cierto es, que aquellos herreños abducidos por creencias cristianas y olvidados de su pasado animista poco creían en el poder de Guayota. 
La ilusión que embriaga al viajero, a aquel ávido de conocer, arrivaba al aeropuerto de Valverde una mañana soleada del noveno mes del año. Tomamos nuestra montura, la que nos habría de portar a todos los muchos lugares que el autor quería descubrir y su fiel acompañante enseñar, cumpliendo en todo momento las limitaciones a circular por caminos no provisto de negro asfalto que marcaba el contrato legalmente firmado con  la propietaria de aquella. (¿?)
Tras un buen aporte de viandas en Valverde tomamos la carretera que ascendía a la cumbre para visitar en primer lugar el árbol de Garoé, allí donde los bimbaches robaban el agua a las nubes, fruto de mito y leyenda, encuentro de conquistados y conquistadores. El Mirador del Golfo donde nuestros ojos fueron testigos de la belleza geológica de la más novel de las canarias, de la capacidad de la destrucción para crear, del surgimiento de la belleza desde el absoluto caos. Un rico almuerzo con piña del lugar como aderezado postre y vuelta a la ruta. Asombrados por el paisaje que nos circundaba, las grietas de los volcanes y su rastro de lava emergiendo del verde pinar jalonan nuestro paso hasta llegar a La Sabinosa, lugar dónde nos espera Ramón, noventa años de amor a su tierra, de conocimiento empírico de la vida, de folklore y tradición. El bueno vino y un sabroso queso blanco sirven de ágape a los visitantes absortos en los relatos del anciano. 
Casi ha caído la noche y debemos seguir el camino. Durante un buen trecho  los viajantes casi no intercambian palabras mientras sus mentes aún digieren todo el saber adquirido en unas horas de conversación. Atravesamos la solitaria carretera que nos lleva hasta la Sabina, ahí se nos olvidó un poco el contrato suscrito, y nuestra cabalgadura hubo de adentrarse por la dura y seca pista de una tierra adueñada por el ganado y cerrada con una verja a la que se adosaba una leyenda que pedía volverla a cerrar al paso del visitante. Aquí se estila lo de poner puertas al campo pero las dejan abiertas para el que quiera pasar. Unos metros más adelante nos recibe la Sabina arqueada por el incesante golpeo del alisio, sus ramas llegan al suelo intentando buscar el sol. Cumplimos con el consejo de Ramón (el de Sabinosa) y le transmitimos a la planta nuestra alegría por visitarla en un caso y por conocerla en otro.
El sol ya ha sido engullido por el océano en el oeste y la noche nos lleva por la enreverada y angosta carretera a través del pinar del que no vemos más que hasta donde las luces de nuestro coche ilumina. El destino es Restinga, allá donde tendrá lugar este hasta ahora desconocido incidente. Un recóndito lugar elegido por @jesusagomar para pernoctar tras un agitado día de emociones. En el puerto, junto al mar teñido de verde nos encontramos a Lourdes, la casera del apartamento donde pasaríamos la noche, ella junto con una amiga comparte cerveza y el fresco de la clara noche. Nos hace entrega de la llave de nuestros aposentos, subimos pertrechados con nuestras pertenencias. El fresquito de la terraza nos atrae rápidamente, así que en minutos estamos en la mesa contigua a Lourdes y su amiga, dando cuenta de unas cañas y un rico pescado del lugar. 
Pasan las horas rememorando lo vivido, corto e intenso (como luego sería nuestro incidente) y ambos protagonistas suben al apartamento del Mar de las Calmas. Un coqueto habitáculo provisto de dos habitaciones, sala, cocina y wc. Tras observar las instalaciones llegamos al acuerdo tácito de que @jesusagomar disfrute de la habitación donde se halla cama de mayores dimensiones, por razones de solidaridad y por motivos obvios de tamaño del ocupante. 
Cada uno a su tiempo pasa a la merecida y refrescante ducha. El autor de este relato, que cambiará nuestra manera de ver la vida en adelante, lo hace en primer lugar. Una pequeña televisión de aquellas de antes que tienen más pulgadas de culo que de pantalla, acompaña la sala. Me recuesto en un sofá frente al canal que emite mi programa favorito, AstroTV. El cansancio y la comodidad del sofá hace que el sueño me rinda en el mismo lugar sin poder llegar a las dependencias que se me habían otorgado por descarte.
Amaneció el día siguiente, recogemos los bártulos y desayunamos en el mismo lugar donde habíamos cenado para tomar ruta hacía el área de los volcanes, donde reside el Tanganasoga, a luces de los expertos el lugar elegido por la naturaleza para emerger en destructiva manifestación.
Volvemos a ser los únicos que transitan las carreteras de la isla. En un punto del camino echamos a un lado y nos adentramos a pie por el volcán. Lavas cordadas y en tripa, túneles caídos por el paso del tiempo y una joven flora que intenta dominar un paisaje estéril. El que esto escribe encuentra allí una pequeña especie vegetal, el bejeque (aeonium valverdense) que se convertirá en insospechado modelo del objetivo de su cámara dando lugar a una colección con el apropiado nombre de Rosas de Lava. Transcurren los minutos, en un lugar donde el tiempo pierde mucho de su ajetreo, mientras observamos los volcanes alcanzar el mar, elucubramos sobre que punto que eligiría el nuevo que estaba a punto de nacer. 
Mil fotografías después continuamos la marcha. Aquel Zafira gris ascendía carretera arriba dejando los volcanes atrás en camino hacía Valverde nuevamente. De repente mi mente se evade de la carretera, mis ojos pierden la nitidez del camino, unas gotas de sudor frío recorren mi espina dorsal y mi pie derecho desvía su fuerza del acelerador para accionar de forma brusca el freno y dejar el coche detenido en medio de aquella nada. Mis ojos se vuelven hacia @jesusagomar que atónito busca de par en par el motivo de tan inesperada reacción. Este autor tarda unos segundos  en articular palabra, como si algo le oprimiera el pecho y le ahogara en su interior...hasta que las palabras brotan como escupidas:
.- "puuuuto, que solo deshicimos una cama!!!" 
En este punto pensamos ambos en Lourdes, la casera, al llegar por la mañana tras nuestra partida al apartamento y comprobar que dos tipos que suman entre ambos más de doscientos kilogramos de peso habían deshecho durante la noche una sola cama. El terror invadió nuestros semblantes, asqueados nosotros mismos de la imagen que en la mente de Lourdes debió surgir de aquellos cuerpos retozando lujuriosamente en la calma noche de Restinga. En la duda de si lavaría las sábanas o simplemente optara por incinerarlas. Comprendimos que en aquella pequeña localidad ya no podríamos volver....sabedores de como son las cosas de pueblo, Lourdes habrá compartido sus sospechas sustentadas en hechos físicos y demostrables con su amiga, aquella de la cervecita de la noche anterior, y esta con la dueña del restaurante, la tendera, el que lleva el pan, los pescadores cuando tocaron puerto....y así uno detrás de otro hasta convertir de nosotros en una leyenda que ni el fuego del volcán conseguiría extinguir.
Del resto del viaje  no recuerdo, o no quiero recordar nada, como si mi mente desconectara en aquel momento presa de un profundo trauma. Solo recuerdo la imagen de las gentes de Valverde, de los operarios del pequeño aeropuerto, incluso me pareció advertir una leve sonrisa de complicidad de la trabajadora de la empresa de alquiler en el momento de devolver el coche. La sospecha de que el rumor nos había alcanzado y sobrepasado en nuestro tránsito hacía la capital. Solo espero que los rumores no viajen en avión.
Ahí termina este relato de aquel incidente de Restinga, finalmente el Volcán erupcionó aunque no emergió, prefirió abrir las entrañas de la tierra en los fondos del mar...y es que en ocasiones hasta Guayota es indulgente, lo rumores no tanto.


lunes, 27 de febrero de 2012

la importancia de cumplir 9 años

               Después de muchas semanas de crecer en el interior de tu madre y tal día como hoy decidiste que era hora de aparecer en este mundo. Estas cosas son así, todos intentan que suceda en uno u otro momento pero eres tú quién decide el cuando. A lo largo de la vida te sucederá alguna que otra vez, casi todas, todos intentarán decidir por ti pero has de ser tú el que decida el momento. Que esa independencia no se borre nunca de ti y te conviertas en el dueño de tu destino.

                    Aunque te parezca mentira, este señor mayor al que tú llamas "viejo" un día también tuvo 9 años. Mis nueve primeros años de mi vida transcurrieron plácidamente como los de un niño normal que va al cole y juega con los amigos. Nací en un pequeño país muy lejos de aquí. Al igual que yo hoy te enseño su ubicación en el google earth, el abuelo me explicaba con un atlas en la mano que él había nacido en unas pequeñas islas al costado del África continental. Siempre recordaré la pasión que ponía a referirse a las Canarias...quizás la misma con la que yo recuerdo a Uruguay y con la que me emociono al ver sus triunfos deportivos.

                No recuerdo que me regalaron cuando cumplí nueve años pero si que a las dos semanas de haberlos cumplidos estaba dentro de un avión inmenso camino de aquellas islas de las que mi viejo decía provenir. Ese es el único "regalo" del que me acuerdo. Me separaron de todo lo que tenía, mi colegio, mis amigos y la que hasta entonces había sido mi familia. Todo quedaba atrás. Cumplir nueve años fue para mi como volver a nacer.  Nacer en un sitio extraño, donde el paisaje, la gente, el habla, el clima...todo era distinto. 

                    Quizás como en todos los cambios unas cosas fueron bien, aunque costara mucho para lograrlo y otras fueron a peor. Con el paso del tiempo el abuelo cambió, creo que paradójicamente fue el que más sufrió el cambio, el que menos cumplidas vio sus expectativas y al que más duro le fue cumplir el sueño de todo emigrante de volver a casa. Descubrió que su casa no era ya su casa que era un extraño sin ningún lugar. Ahí fue el instante en que empezamos a perderlo....el momento en que su cara comenzó a ajarse a prematuramente...en el que su sonrisa dejó de brillar.

               Hoy he recordado aquellos tiempos, aquellos nueve primeros años, ahora todo parece más fácil. Quiero que sepas que deseo procurarte el mejor de los futuros y que muchas  cosas que no entiendes ahora a buen seguro las comprenderás el día de mañana. Igual que yo no entendí que mis viejos me arrancaran de mi tierra para labrarme un futuro mejor pero que ahora muchos años después doy gracias por su sacrificio.

                    Dicen que los hijos repiten los comportamientos de sus padres...pero yo no quiero cumplir esa falsa estadística. Yo quiero estar siempre contigo, no borrar la sonrisa de mi cara y  ser más loco que tú cuando se trata de hacer locuras...aunque luego me cueste encontrar el interruptor de "pare". Quiero seguir emocionándome cada vez que me dices "te quiero" y quiero decirte "te quiero!!" cada día de mi vida. Quiero que sepas que no hay nada más importante en mi vida que tu presencia y que te has convertido en mi motivo para vivir...que todo lo que hago, aunque no todo lo haga bien, es por ti y para ti.

                 Quiero pedirte perdón por cada error cometido y por los que me quedan por cometer. Esto te lo cuento antes que tu cuerpo se convierta en un amalgama de hormonas dislocadas y mi presencia se vaya convirtiendo en una molestia más que en una alegría...lo sabré comprender. Es ley de vida y estaré ahí el día que decidas "volver".
    
               Intentamos educarte en valores y con principios...solidaridad, medio ambiente, respeto a los demás y tolerancia. Llevas contigo el nombre de un guerrero, de un guayre de Tamarán y estoy seguro que cumplirás con los valores que tu nombre carga. Algo debemos estar haciendo bien hasta ahora y me siento muy orgulloso de tus valores humanos y tu corazón. Nunca pierdas ese amor, aunque muchos te fallen en el camino.

                        Nos quedan muchas historias juntos y muchos kms en moto que recorrer. Dentro de nada serás lo suficientemente grande como para que papá te enseñe Marruecos, ese sitio del que tanto me has oído hablar y del que tanto te gustan la fotos. Sea como sea el futuro que nos espera cuenta siempre conmigo, siempre me tendrás ahí a tu lado.

Feliz cumpleaños, Nauzet.