En una sociedad acostumbrada a adcribirse en bandos en todos los ámbitos de la vida, muchos se sorprenden cuando te identificas como ateo, como si fuera extraño que una persona pudiera vivir sin la creencia en una divinidad sea cual sea la forma en que esta se represente.
La pregunta suele ser "¿en algo creerás?". Hoy me han vuelto a hacer esta pregunta y me ha hecho reflexionar en qué modo puedo explicar en qué creen los que no creen. Reconozco aquellos que mantienen creencias religiosas lo tienen más sencillo. La Historia les avala con imágenes, con suntuosos edificios, festividades varias y con toda una parafernalia e iconografía que se escapa del mundo de los ateos.
Ser ateo parte de una negación, de la no creencia en algo que resulta casi vital para la mayoría de personas. Así que muchos consideran que sino crees en una religiosidad es como si casi no existieras. Como sino existiera nadie al margen de esas mayorías excluyentes que discriminan e imponen unos pensamientos dogmáticos sin base alguna para su sustentación científica.
Mientras entrenaba esta tarde, con la música de U2 a todo volumen en mi iPod, he intentado repasar aquellas cosas en las que creo hasta construir una lista interminable de motivos para creer para un ateo.
He pensado que cuando la vida pinta mal la mayoría busca consuelo en lo supraterrenal, buscamos fuera de este mundo soluciones para lo que en él nos sucede, abandonamos las personas que nos rodean para buscar cobijo en un ente que no existe más que en nuestra mente inculcado a fuego por cientos de años de imposición hasta convertirse en una parte más de nuestra genética. Así lo transmitimos a los nuestros desde el mismo momento en que nacen para continuar con la creación de un mito religioso sea cual sea su forma o representación.
Sin embargo yo, ateo confeso, busco el calor de los mios, la proximidad de quienes me aman, la luz del día, los detalles de todo aquello que me es próximo cuando la vida se empeña en ponerm zancadillas. Apartado de esa sumisión que invade nuestro vocabulario para hacer de cada pequeño acto de nuestra existencia un "si dios quiere". Me resisto a creer en nada que pueda gobernar mi vida y tomar decisiones que no sea yo mismo sujeto tan sólo a las circunstancias que dicta la naturaleza.
Creo en la ciencia capaz de encontrar remedio para curar enfermedades, para descubrir mundos millones de kilómetros más allá de este planeta, para hilvanar la historia del ser humano desde sus más primitivos ancestros con una pequeña pieza ósea, para hacer nuestra vida cada vez más confortable, segura y digna.....Qué hubiera sido de todo esto en un mundo anclado en príncipios religiosos negadores de la actuación de la ciencia, perseguidores de todo aquel que ha aportado conocimiento y luz donde sólo había ignorancia y oscuridad?
Creo en la fuerza del amor de aquellos entregados a la labor por los demás enfrascados en mejorar la existencia de quienes parecerían hijos de un dios menor, abandonados a su suerte de miseria y ausencias. En aquellos que sacrifican su vida en beneficio de la de los demás.
En un mundo que se cae a pedazos sigo creyendo en las gentes de buena voluntad, en los luchadores por la libertad, los que asumen causas justas, los que se enfrentan a arpones por salvar la vida de una ballena, quienes a través de las letras, la música o la pintura nos transmiten belleza....
Creo en cada piedra palestina lanzada contra la coraza metálica del imperio de Sion, creo en cada palabra de Martin Luther King, creo en el Che arengando al pueblo cubano , creo en cada miliciano republicano que luchó por mantener los principios en que creía, en cada desaparecido por su ideología en cualquier lugar del mundo, en las mujeres de Juárez, en el semblante del Subcomandante Marcos, en las manos de Teresa de Calcuta, en la mirada de los niños bajo el fuego de Bagdad, en cada persona que no puede expresar sus creencias e ideología de forma libre como yo puedo hacer en este humilde espacio virtual.
Se podría concluir que en el fondo soy "creyente".
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